Reencuentro

El reencuentro con nuestras sombras nos ayuda a conocernos. Nos reconocemos completamente cuando aceptamos aquello que nos empecinamos en ocultar.

Soy todo esto.

Soy mis aciertos y mis errores.

Soy mis verdades y mis mentiras.

Soy mi luz y mis sombras.

Soy este que vive, vive en la dualidad de su mente y entorno.

Soy la existencia de lo que simplemente es.

Anhelamos ser el ideal que construye nuestra propia mente, como quien se pone una zanahoria delante; Niega y acepta, niega y acepta, hasta que en cierta edad, se despoja del ego y se abraza a sí mismo, tal cual es así con todos sus yoes. Qué edad es esa? La edad de la muerte, la edad donde ya aprendimos a soltar toda la ilusión. Es justamente ahí donde la Verdad ejerce su poder libertador.

Mi luz y mis sombras; sombra es más suave que decir “oscuridad” o “tinieblas”.

Seguimos llamándola “sombra” porque aún tenemos cierta benevolencia, la suavizamos, la excusamos.

Mi alma desea la Libertad que se asemeja al amor de una Madre que ama a su hijo tal cual es.

Solo el amor verdadero regala a su prójimo y a sí mismo la libertad, porque ese amor no reconoce el juicio ni la condenación.

Solo el amor deja al otro ser lo que es.

Sabré que me amo realmente cuando me libere de las cadenas que yo mismo me he colocado.

Reconoceré el amor cuando sea libre, liberando a todos a mi pasar.

El reencuentro con las tinieblas.

O será que su “negación” es la tiniebla que intentamos ocultar?

O SERÁ QUE TODO ESO ES POSIBLE CUANDO DE VERDAD ME ENCUENTRE CON LA LUZ.

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